Capítulo 50. La Alianza Impensable
ANNA
El teléfono vibró en mi mano, un pulso nervioso que se extendía por mi brazo como una descarga eléctrica. Había marcado el número de Randall Harrington hacía apenas unos segundos, y ahora la espera, cada tono de llamada, se sentía como una eternidad suspendida en el vacío. María me observaba desde el sofá, con las manos entrelazadas y un silencio que era su forma de darme un apoyo tácito pero inquebrantable. Finalmente, una voz grave, controlada e inconfundiblemente autoritaria respondió a