Capítulo 49. La confidente
ANNA
El eco de la llamada con mi padre seguía resonando en las paredes de mi departamento, tan frío y cortante como la indignación que me carcomía por dentro. La mano me temblaba visiblemente al dejar el teléfono sobre la mesa, justo al lado de donde los pañuelos de Randall y su tarjeta personal yacían como testigos mudos de la tormenta que acababa de desatarse. ¿Vigilada? ¿Sin mi consentimiento? La idea era un veneno de acción lenta que se extendía por mis venas, mezclándose con la traición de