Capítulo 25. El espejismo de un hogar perdido
ANNA
Londres, con su bullicio incesante y la promesa de un nuevo comienzo, a menudo se sentía como un vasto y silencioso vacío donde los ecos de mis sueños destrozados resonaban con una tristeza punzante. Intentaba construir una vida aquí, ladrillo a ladrillo, aferrándome a mis clases en la LBS y a la calidez genuina de María, pero la sombra persistente de Bratt y el recuerdo amargo de mi boda hecha añicos eran fantasmas implacables, difuminando mi presente con las imágenes de un futuro que se