Luciana lo miró, sorprendida, pero también encantada. Alejandro sonreía con una mezcla de orgullo y esperanza, como si este viaje fuera su forma de recuperar lo que habían perdido.
—Italia... —repitió Luciana, probando la palabra en sus labios como si fuera un sabor desconocido—. No me lo esperaba.
—Ese era el punto. —Alejandro acarició su rostro con ternura—. Quiero que este viaje sea inolvidable, como tú.
Luciana lo miró a los ojos, y por un instante, todas sus dudas se desvanecieron.
—Espero