Al llegar al comedor, la imagen que se desplegó frente a ella la dejó petrificada. Alejandro estaba sentado al otro lado de la mesa, con su porte impecable y una mirada que oscilaba entre la furia contenida y el alivio. Diego, a su lado, parecía tranquilo, aunque sus ojos reflejaban cierta tensión, como si supiera que la presencia de Alejandro no prometía nada bueno.
Luciana dio un paso atrás, su instinto gritándole que escapara. Pero antes de que pudiera girarse, la voz grave de Alejandro la d