El mensaje estaba acompañado de un archivo adjunto. Alejandro dudó un instante, pero luego, con una mezcla de desesperación y necesidad de enfrentarse a lo que venía, tocó el archivo.
Las imágenes comenzaron a cargarse en la pantalla: fotos y videos, que se desplegaron ante él como una pesadilla. Los rostros de sus padres, Paco y Milena, falsificando documentos en su oficina. Luego, otro video, más reciente, de él, hablando con varias mujeres en la oficina, la misma oficina que ahora veía desde