Luciana lo escuchó en silencio, las palabras de Alejandro resonaban en su mente. Sabía que él tenía razón, que las cosas no podían volver a ser como antes, pero había una parte de ella que todavía sentía ese miedo, esa incertidumbre de lo que el futuro les deparaba.
—Solo no quiero que lo del vieje arruine tus planes en la empresa, Alejandro... —murmuró, desviando la mirada hacia el jardín.
“Mis padres me ayudaran con la empresa, puedes al menos despreocuparte una vez en la vida de eso” dijo Al