—Está bien, lléveme —dijo finalmente, mirando a Alejandro con una pequeña sonrisa tímida—. Acepto. Vamos a hacer esa escapada.
El alivio en los ojos de Alejandro fue evidente. Se inclinó hacia ella, rozando su mano suavemente, como una promesa silenciosa de que no la defraudaría.
—No te arrepentirás, Luciana. Mañana sera nuestro dia, mientras nosotros disfrutamos mis padres estarán a cargo de la empresa. Los guardespaldas solo aparecerán si hay algo raro que pasara, pero igual es como si ellos