Con un suspiro, Alejandro devolvió el teléfono a su madre y asintió. —Está bien. Acepto su ayuda, pero esto lo haré a mi manera. Si todavía hay algo entre Luciana y yo, quiero ganármelo con honestidad.
Milena sonrió, orgullosa, y Paco lo miró con aprobación.
—Ese es nuestro muchacho —dijo Paco—. Ahora, ve y descansa un poco, que mañana comienza tu verdadera misión.
Alejandro salió de la habitación con una nueva determinación. Las fotos de Luciana todavía rondaban en su mente, recordándole todo