Sus manos recorrieron su cuerpo, acariciándola con una delicadeza que la hacía sentir adorada en cada gesto. Luciana sentía cómo el calor entre ellos aumentaba, pero había algo más, una conexión emocional tan intensa que parecía llenar cada rincón de la habitación.
—Eres increíble —murmuró Alejandro mientras la miraba a los ojos, sus dedos trazando suavemente la línea de su mandíbula—. No tienes idea de lo que significas para mí.
Luciana sonrió, sintiendo una mezcla de emociones que la abrumaba