85. Lo quiero todo.
Vicente me mira un largo momento antes de que deje escapar un suspiro. El fuego en él no ha desaparecido, pero está dispuesto a aceptar, por ahora, que este no es su momento de brillar. Me acerco más, dejándome caer completamente sobre su regazo, sintiendo cómo su respiración se vuelve aún más pesada.
—Me debes una —le digo en voz baja, mis labios a milímetros de los suyos.
—¿Es eso lo que quieres? —gruñe, su voz áspera, llena de esa mezcla de rabia y deseo—. ¿Que te deba algo?
—Siempre me debe