78. La destruiré.
Luis asiente y sale del cabaret a toda prisa, dejando a Vicente conmigo. El silencio entre nosotros es denso, como si ambos supiéramos que esta batalla no será como las anteriores. Y tengo razón al pensar eso.
Me acerco a Vicente, que sigue mirando el cuerpo inerte de Ortega en el suelo, como si su muerte no fuera suficiente para calmar la furia que lleva dentro.
—¿Qué piensas? —le pregunto suavemente, inclinándome un poco hacia él, asegurándome de que mi presencia sea imposible de ignorar.
—Qu