73. La red se está cerrando.
Vicente, sin decir una palabra, comienza a caminar hacia la salida del cabaret, su paso decidido, y puedo ver a uno de sus guardaespaldas siguiéndolo de cerca. Me apresuro a interceptarlo antes de que haga algo estúpido.
—Vicente, espera —digo, poniéndome delante de él.
—Ese malnacido es de Ortega —responde con los dientes apretados, señalando disimuladamente a un hombre que está hablando con Tinna al otro lado de la sala—. Voy a arrancarle la garganta.
—Eso es justo lo que Ortega quiere —le di