70. Vicente.
El pánico cruza su rostro en un segundo. Esto es lo que me gusta del miedo: cómo puede convertir a los más arrogantes en seres patéticos en cuestión de segundos. Luis, siempre tan eficiente, ya está sacando su pistola.
—No te preocupes —le susurro, justo antes de que se escuche el disparo—. Todo se acaba más rápido de lo que crees.
El cuerpo cae al suelo, el eco del disparo resonando en las paredes vacías de la fábrica. Uno menos, pero cientos más esperando su turno. Alejandro no va a deteners