49. Es un juego de espejos.
La puerta del bar se cierra detrás de Ferrer, y con ella el último vestigio de resistencia en mi plan. Lo veo arrastrado hacia el coche sin ningún atisbo de la arrogancia que tanto le gustaba exhibir. Pobrecillo, creía que iba a ser mi socio en este nuevo capítulo, pero no entendía que yo no comparto el poder. Nunca lo he hecho, y ahora menos.
Me dejo caer nuevamente en la silla, disfrutando del momento, dejando que la tranquilidad que sigue al caos se asiente en mí. Ferrer fuera, Vicente encar