Mientras permanecíamos tirados en el asiento, los guardaespaldas corrieron hacia nosotros. Estaban asustados porque creían que Andy se había estacionado porque estaba herido.
Descubrimos que esa fue una bala perdida que provino de un grupo de narcotraficantes que se estaban enfrentando con la policía. Fue un gran alivio saber que el ataque no iba dirigido a nuestra integridad física.
Andy envió su auto al taller y luego volvimos a nuestra casa. Mi hijo despertó y se puso a clamar por aquella mu