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Llegamos al juzgado de familia. Desde ese momento mi marido no se apartaba de su abogado hasta que llegó nuestro turno de entrar en la sala.

Andy, quien me había ignorado en todo momento desde el auto, tomó mi mano y la apretó, la llevó a su boca y dio un beso que me hizo entender que todo estaba bien.

Sin embargo, yo aún estaba molesta por lo que anteriormente había insinuado que no confiaba en mí. Entonces, bajé mi mano para zafarla de su agarre, él me volteó a ver con una mirada extraña y fr
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