Me negaba a creer que fuera cierto, así que me acerqué, la vi tambalearse y entrar en la habitación antes mencionada. Mi corazón seguía incrédulo y me decía que mi princesa no era así, ella no me podía traicionar cuando sabía que yo la amaba con toda mi alma.
Me acerqué a la puerta, estaba entreabierta y me asomé para comprobar que estuviera sola y que fuera a mí, a quien esperaba, como decía en el mensaje de texto.
La vi, es decir, los vi besándose. Es verdad, ella tiene un amante y quizá si e