La hora de la cena se acercaba y yo estaba muy nerviosa. Vestí a mi hijo primero para luego hacerlo yo. Un poco de maquillaje que casi ni se notaba, y un vestido largo y suelto con un par de sandalias fue mi atuendo.
Andy había quedado de venirnos a recoger a la cabaña, esperé por un par de minutos hasta que al fin apareció. Quise reprocharle, pero no, este era mi día especial y él se había esforzado por complacerme, no podía estar molesta por algo tan insignificante.
—¿Están listos? —preguntó,