Mi madre continuó con su discurso de amargura, yo no quise seguir escuchando y terminé de llegar a la cocina por un vaso de agua, moría de sed, pero me afectaba más la indiferencia que ella muestra hacia mí.
—Si tan solo tuviera el dinero necesario para largarme de esta casa, me iría corriendo. —Dije en voz baja.
—Yo te prometo que haré lo posible para que no estés triste, hermanita. —escuché la voz de él, que hasta me sobresalté del susto.
—Aléjate, Andy, ya viste que no pueden ver siquiera qu