El silencio que quedó después de esas palabras no era incómodo, pero tampoco era completamente tranquilo. Era un silencio vivo, cargado de cosas que ninguno de los dos se atrevía a decir todavía.
Gavin metió las manos en los bolsillos, balanceándose levemente sobre los talones.
—Supongo que no hay instrucciones para esto —murmuró.
Camila dejó escapar una pequeña risa.
—No. Y si las hubiera, probablemente no servirían.
Se miraron por un momento más largo de lo habitual. No era como antes, cuando