Ella rió.
—Gracias por no minimizarlo.
—Gracias por no dramatizarlo.
Se sentaron en un bar pequeño. Compartieron comida simple. Camila apoyó la mano sobre la mesa, abierta. Gavin no la tomó de inmediato. La miró primero. Luego la cubrió con la suya. Ese estilo —intencional— definía su contacto.
Con el tiempo, empezaron a conocer las grietas reales del otro. No las confesiones bonitas, sino los patrones incómodos.
Gavin tenía tendencia a sobrecargarse para no sentir incertidumbre. Camila a aisla