Gavin conoció a Camila en un lugar donde nadie iba a buscar amor: una sala de espera demasiado iluminada, con sillas de plástico y un reloj que sonaba más fuerte de lo necesario. Él estaba allí por compromiso, acompañando a un amigo que no quería ir solo. Ella, por obligación: una entrevista para una beca que no esperaba ganar. Ninguno de los dos tenía disposición romántica. Tal vez por eso pudieron verse con claridad.
Camila escribía en un cuaderno pequeño apoyado sobre las rodillas. No miraba