El sol apenas lograba atravesar las nubes altas cuando regresé al apartamento. La luz era limpia, engañosamente tranquila, como si el mundo intentara convencerme de que todo estaba bajo control. Dejé las llaves sobre la mesa y me quedé de pie un momento, escuchando el silencio. Ya no era el silencio vacío de días atrás, sino uno cargado de espera. De anticipación.
Me quité la chaqueta y la colgué con cuidado. Cada gesto tenía algo de ritual, como si al hacerlo despacio pudiera mantener a raya l