La mañana siguiente llegó sin pedir permiso, como siempre. La luz del amanecer se filtró entre las cortinas, suave pero insistente, obligando al mundo a despertar incluso cuando el corazón aún quería seguir escondido en la quietud de la noche. Abrí los ojos lentamente, con esa breve confusión que aparece entre el sueño y la realidad, y tardé unos segundos en recordar dónde estaba emocionalmente el día anterior.
Respiré hondo. Sentí el frío de la habitación, el silencio todavía pesado, y, al mis