Oliver
Semanas atrás
Lanzado un grito de frustración, salgo de la oficina de los abogados sin detenerme ante el llamado del hombre que me sigue. No puedo creer que Giselle fuese capaz de mandar esas fotos y todo por ello ahora me vea obligado a concederle el divorcio.
—¿Acaso te volviste loco? —me riñe el hombre mayor, cuando me toma del brazo y me obliga a entrar a una sala pequeña para que nadie escuche nuestra conversación.
—¿Y acaso tú eres un estúpido que no sabe hacer bien su trabajo? —si