Una falsa calma se instaló sobre el imperio Vance.
Para Charles, esos días fueron una sinfonía de afirmación. La junta directiva lo ratificó formalmente como Presidente y CEO. El voto no fue unánime, pero fue contundente. Al salir de la sala de juntas, los aplausos discretos sonaron como una coronación. Esa noche, en su mansión, brindó con Eleanor con un Château Margaux de una cosecha legendaria. Ella levantó su copa, pero sus ojos no brillaban. Charles no lo notó. Solo veía su propio reflejo,