La noticia de la adquisición llegó a Charles como música.
No la supo por los reportes. Ni por los correos corporativos. La supo porque él lo había orquestado.
El dueño de Aura, un hombre desesperado llamado Donovan, había estado en contacto con él durante semanas. "Nadie quiere comprar este desastre", le dijo Donovan por teléfono, la voz temblorosa. "Las deudas, los juicios... es una cloaca."
Charles le dio un consejo. "No la vendas como un desastre. Véndela como una oportunidad subvalorada. Ha