La decisión llegó en la tercera noche.
Alexander no podía esperar más. El tictac del reloj era ahora un tambor en su cráneo. Tres semanas. Ya habían pasado tres días.
Tenía que encontrarla.
Empezó con lo obvio. Su teléfono. El número bloqueado. Lo desbloqueó. Marqué. Tono de llamada. Una vez. Dos. Tres.
“El número al que intenta llamar no está disponible.”
Apagado. O cambiado.
No importaba. Tenía recursos. Dinero. Contactos. Podría encontrarla si quería.
Pero ese era el problema. No quería. El