La puerta de la suite se cerró con un sonido sordo, aislando el mundo exterior. Alexander giró la llave, un gesto que sentía cargado de significado. Cuando se volvió, Olivia ya lo miraba, sus ojos oscuros fijos en los suyos sin pestañear. No había sonrisa social, ni postura profesional. Solo la verdad cruda de lo que habían hecho la noche anterior y lo que ambos sabían que volvería a suceder.
—No es un accidente esta vez —dijo Olivia, su voz apenas un suspiro en la habitación silenciosa.
—No —c