Tessa
—¿Qué fue eso? —Le pregunté sobresaltada, tomando las copias y guardándolas en mi mochila. —Me dijiste que nos quedaban alrededor de dos horas.
—Así es como debía ser, no entiendo qué ocurrió. —Susurró, entornando los ojos. Las puertas se abrieron con un ruido metálico y se escucharon las pisadas acercándose. El sonido de las botas de trabajo, crepitó, quebrando el silencio del subsuelo que se había vuelto aún más espeso, luego de que ambas, contuviésemos la respiración —. Maldita sea, e