Tessa
—Ninguno de los dos es exactamente un santo. —. Fue una afirmación. Emitió un leve suspiro, rozando con su respiración mi pómulo húmedo y luego se inclinó mordisqueando delicadamente mi mandíbula—, somos personas, no santos. Todos hacemos cosas malas, por buenas razones. —Murmuro —. Todos —. Repitió—. Saber cuáles han sido mis pecados, ¿te permitiría confiar en mí? ¿Podrías perdonarme? —Susurró, estrangulado por el deseo —. ¿O solo me recordarás por ello cuando haya acabado? —No supe que