Léa
No duermo.
Estoy tumbada en la oscuridad, con los ojos bien abiertos, el corazón latiendo en mis sienes como un recordatorio de que todo sigue ahí. Las palabras de Maxime giran en mi cabeza. Lo que me dijo. Lo que no dijo. Lo que dejó entrever en los silencios.
Siento que he absorbido una verdad que aún me atraviesa. No me ha destruido, no. No completamente. Pero ha fisurado algo en mí. Una pared que había erigido. Un escudo que creía sólido.
Me giro de lado. La almohada junto a la mía está