Maxime
El silencio reina en el apartamento. Léa sigue en el sofá, con los brazos cruzados, su mirada fija en la mía. Espera explicaciones, y sé que no dejará el asunto.
Retiro lentamente mi camisa manchada de sangre y la tiro sobre una silla.
— Dime qué pasó, Maxime.
Mi mandíbula se tensa.
— ¿Realmente quieres saber?
Ella no parpadea.
— Sí.
Me acerco y coloco mis manos sobre sus hombros.
— He solucionado un problema. Alguien me ha traicionado.
Sus ojos se agrandan.
— Y tú... ¿lo has...
— Hice l