Me dirigí a la puerta y me despidió rápidamente con un beso en la mejilla, estaba oscureciendo el sol era ya sólo destellos morados y naranjas en el cielo y comencé a caminar por donde había llegado, mi corazón se aceleró al ver aquella oscuridad eran aproximadamente doscientos metros entre la casa y la cabaña y el camino no era en línea recta así que había un gran tramo en el que no veías ni la casa de Lola ni la cabaña. Nunca me he caracterizado por ser asustadiza, pero esto era la selva con