¿Y cómo convenzo a un monje tibetano de ir a una cena de gala con políticos, empresarios millonarios y toda la crema y nata de la ciudad? Fácil. No lo haces.
Llevaba cuatro días rogándole a Tenzin. Cuatro días. Cuatro.
Le llevé café tibetano, juguito natural, un panecito de esos que le gustan con semillas y cosas orgánicas raras. Le recité incluso la lista de causas beneficiosas que estarían apoyando esa noche. ¡Hasta le mencioné que habría música en vivo!
Nada. Que no. Que él no va a esas cosa