“¡MIERDA UNA ESPINA!”
—¡¿Narelys estas bien!?
—Mat... ¡Mathew! —lleve las manos a mi cuello alarmándolo.
—¡Mierda, te ahogas! —el alboroto comenzó a formarse en el restaurante. Yo tratando de escupir o regurgitar la m*****a espina y el gringo dándome fuertes palmadas en la espalda — ¡Vamos Narelys! ¡Escúpelo, escúpelo!
—¡Ahs! ¡Grrr! ¡grrr! ¡Ahhh! —la espina salió junto con el pequeño trozo de la carne del pez que me había dignado a probar, el gringo me dio agua para poder recuperarme pero el d