CAPÍTULO 51. UNA PROMESA ENTRE CABALLEROS
Con las manos temblorosas acomodó aquel vestido sobre la cama, era justo como lo había imaginado, con una caída sencilla, y un hermoso escote de corazón, con bordados y cristalería.
Dios.
Ese hombre pensaba en todo, sonrió llena de emoción, corrió a ducharse, se colocó su albornoz y enredó su cabellera en una toalla. De pronto se estremeció, ¿cómo se arreglaría ella sola para un momento tan importante?
Sacudió su rostro saliendo de su ensimismamiento, al escuchar que tocaban a su puerta, se dir