CAPÍTULO 14. SIN ATREVERSE A MIRARLO
El camino fue en completo silencio, Guillermo quien se sentó en el lugar del copiloto tuvo que contestar algunos mensajes, mientras Isabella por su parte, se dedicó a ver hacia la ciudad.
Sus manos sudaban ante la idea de que iban pasar unos días en casa de su nuevo jefe. Al llegar al edificio de grandes ventanales, Bruno esperó a que la puerta del estacionamiento subterráneo se abriera. Tuvo que disimular su asombro, ante aquella imponente construcción de concreto y acero de forma asimétrica.