En el restaurante.
—¡Ja, ja, ja! Sí que me he reído esta noche —habló Ysabelle risueña.
—Lo mismo digo, tienes una sonrisa hermosa —dijo Christopher sonriéndole.
Ysabelle estaba apenada.
—Gracias.
—¿Qué quieres hacer? —le preguntó Christopher.
—Me encantaría comer un helado —comentó Ysabelle feliz.
—Podemos ir a uno que queda cerca —le sonrió él.
—Sí —afirmó contenta.
—¿Qué te parece la velada? —le preguntó.
—Muy linda, todavía falta —aclaró Ysabelle riéndose con picardía.
Christopher estaba