La doctora Heather Evans me insistía día y noche para conocer Stone Valley. -¡¡¡Llévame donde los lobos!!! ¡¡¡Llévame donde los lobos!!! ¡¡¡Llévame donde los lobos!!!-, me reclamaba eufórica, rompiendo mis tímpanos, muy persistente y entusiasmada, cargosa en realidad. Obviamente yo no le había dicho nada a Waldo de las súplicas de Heather porque sabía que se molestaría mucho de que yo delate la ubicación de la jauría, sin embargo la veterinaria era súper caprichosa y terca, además que, ya l