Salimos en mi auto el viernes por la mañana para llegar pasado el mediodía a Stone Valley. Recogí a la doctora en su casa, al este de la ciudad, en un barrio elegante de muchas palmeras, casas palaciegas y grandes jardines. Ella se había puesto zapatillas tenis, un jean pegado, una blusa verde sin mangas, soltó sus pelos rubios y llevaba lentes redondos grandes. -No pareces veterinaria-, me reí viéndola tan linda. -Mejor, los lobos podrían asustarse, le temen a las veterinarias je je je-, el