El cazador tenía una llave maestra, abrió la puerta y se metió a mi casa. Se escondió entre las sombras apuntando a todos lados con la luz láser de su mirador telescópico de su rifle. De repente empecé a escuchar todo, igual como si mis oídos se hubieran tornado en parabólicas. Mi olfato, además, se afiló captándolo todo lo que pasaba. Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad y se tornaron idénticas a las luces infrarrojas del arma del tipo ese. ¡¡¡Se habían desatado mis instintos de lobo!!!