-¿No te preocupa que la policía te esté buscando?-, le pregunté esa noche a Waldo, recostada en su pecho, echando humo luego de una intensa faena entregada a sus brazos, haciendo el amor impetuosos y febriles, ardiendo como bonzos en nuestros fuegos hasta volvernos puñados de cenizas.
-Soy un hombre lobo, de todas maneras me buscarán-, él estaba resignado a su suerte. Es lo que me parecía.
-Esos hombres podrían matarte-, estaba yo preocupada de que lo que pudiera pasarle algo. Lo amaba de