Me sentía mal, confundida, desconcertada y no sabía realmente qué pasaba conmigo. Por un lado tenía miedo, pánico y terror por la bestia y por el otro, estaba sucumbida al misterio y enigma de esa fiera. El hecho de haberme elegido como su hembra, marcar mi casa como su territorio y pretender convertirme en su pareja, eso me excitaba e incendiaba mis entrañas, desataba mis deíficas cascadas y ansiaba y deseaba que esa cosa me hiciera suya, entre muchos besos y caricias, y me hiciera el amor. Y