Mi romance con Waldo se consolidó, incluso le di las llaves de mi casa porque estaba perdidamente enamorada de él. Nos entregábamos a la pasión día y noche. Yo era la envidia entre las chicas de la redacción y también de las colegas de los otros medios de comunicación porque todas, absolutamente todas, estaban prendadas de Waldo, sucumbidas a su encanto tan viril, su mirada sensual y su porte gallardo y altivo, amén de sus bien pincelados bíceps y músculos. Waldo era muy lindo y todas las much