La doctora Evans confirmó mis sospechas. Yo la había llamado asustada después que esa bestia se paseó y orinó mi techo y ella llegó presta a la casa, con sus guantes quirúrgicos y su mandil blanco, también sus lentes redondos grandotes y además se había hecho un moño con su pelo. Miró detenidamente los orines. -Te habrás asustado mucho-, me dijo auscultando todo lo que había marcado esa cosa en la azotea de mi casa.
-Era muy enorme, con un gran pelaje oscuro-, le dije abanicando mis oj