Gergely atacó mi casa ese jueves de madrugada. Yo dormía apaciblemente luego de haber hecho el amor en forma intensa con Waldo. Nos incendiamos, en realidad, con tanta pasión y desenfreno, tratando de olvidarnos de todas las amenazas y peligros que nos rodeaba. Yo estuve muy afanosa e impetuosa, mordiendo los brazos y el cuello de mi enamorado, incluso hundí muis uñas en su espalda y garabateé sus músculos con desentreno y hasta ira. A Waldo le dio mucha risa verme convertida en una fiera. -A