Capítulo 129

Mi amante quedó también muy agotado. Se derrumbó sobre mí , aplastándome sobre la cama, respirando con dificultad, encharcado en sudor, tratando de desacelerar su corazón.

-No debes dejarte llevar por tu propia vehemencia-, me dijo entonces Waldo, abanicando sus ojos. Él también había disfrutado de la velada tan sensual y romántica. Gozó a sus anchas de lo maravilloso que resultó tenerme a su merced, deleitándose de mis máximos encantos.

-Me siento culpable de todo que está pasando-, l
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