Luego que se reavivaron los fuegos, volví al ataque, besando y acariciando a Waldo, saboreando la alfombra de vellos que adornaban su pecho y sus bíceps y músculos alineados y silueteados en su cuerpo majestuoso y varonil, excitante y bien pincelado, propio de un macho alfa.
Yo no dejaba de gozar con lo áspero de sus muslos, también repletos de vellos lo que me estremecía mucho, desatando más descargas de electricidad en mi cuerpo, haciendo que me vuelva otra vez una gran bola de fuego. Be